PABLO ORTEGA | 30 DE AGOSTO DE 2011
Ayer, por ejemplo, a las nueve de la mañana estaba en una rueda de prensa en la que se presentaba un hotel de cinco estrellas. En lugar de sacar mi arcaico cuaderno para tomar notas, desenfundé mi Envy y me puse a escribir a la velocidad del rayo sobre su suave teclado. En tan sólo unos minutos ya había elaborado y colgado un post en esta web.
Después salí pitando a hacer una entrevista al CEO de una importante marca de relojería. Mientras iba en el taxi, volví a sacar de su funda mi Envy para contestar a los emails pendientes y consultar un par de webs
-cada minuto cuenta en este oficio, y el Envy más que 'navegar' parece que 'vuela' por Internet-. De pronto me doy cuenta de que el taxista, a través del espejo retrovisor, está más pendiente de la elegante carcasa de aluminio y magnesio de mi portátil que de los coches que circulan a nuestro alrededor... No le culpo, la estética del Envy es arrebatadora, pero la verdad es que paso un poco de miedo... Finalmente, llegamos sanos y salvos y la entrevista es un éxito.
De vuelta a la redacción, el director me llama a su despacho porque quiere ver las fotografías de un reportaje que estamos preparando. Enciendo el Envy y le muestro decenas de imágenes; en su excelente pantalla LCD -una de las mejores del mercado, retroiluminada mediante tecnología LED-, las instantáneas lucen como nunca, espectaculares, con una calidad sorprendente. Mi jefe queda encantado y da luz verde al reportaje. Así que me pongo a elaborar las páginas; para ello utilizo potentes programas de diseño gráfico que Envy maneja con una soltura impresionante gracias a su procesador Intel Core Duo SL9400, uno de los más potentes que existen.
Una vez en casa, mientras me relajo escuchando un buen disco de jazz a través del sistema de sonido de la firma Beats -una de las más prestigiosas del sector- que integra mi querido laptop, me doy cuenta de que los 1.900 euros que cuesta Envy ha sido una de las mejores inversiones de mi vida.