KINO VERDÚ | 30 DE AGOSTO DE 2011
Desde que lo tenía me había solucionado la vida en muchas ocasiones. De hecho había llegado a un acuerdo con mis jefes para, algún día de la semana, trabajar desde mi casa, enganchado a mi HP Envy. El teletrabajo con esta 'máquina' es un placer: qué velocidad, qué calidad e imagen, qué suavidad de teclado, qué precisión... Cogí el AVE rumbo a Barcelona. En preferente, me bajé la mesilla de la butaca y coloqué mi HP Envy. Comprobé las citas, los horarios, releí los lay out de las reuniones. Todo en orden. Incluso me vi una película (la que echaban en el tren no me gustaba). Qué imagen y qué sonido. Disruté como un niño. Llegué, fui al hotel a dejar la maleta y, con mi fabuloso laptop HP Envy, me fui de reunión en reunión. La verdad es que más de un ejecutivo se quedó fascinado con mi portátil (incluso alguno lanzó alguna mirada llena de envidia). Por la noche, tras el cóctel-cena. Me fui rápidamente a la habitación del hotel. Yo y mi HP Envy somos muy puntuales. A las doce envié los informes a través de mi HP Envy. ¿Qué sería de nosotros el uno sin el otro?