George Nakashima, el diseñador que unió a Spielberg y Lucas

JAIME DE LAS HERAS

Resulta difícil encontrar puntos en común personales de Steven Spielberg y George Lucas. Sabemos, a nivel general, que son dos de los directores más reconocidos de la industria del cine, pioneros de la ciencia-ficción y altamente rentables. Sin embargo, en su vida personal son prácticamente opuestos.

Spielberg tiene más notoriedad pública y es una figura de referencia de la sociedad americana. Lucas siempre disfrutó más haciendo películas que estando detrás de las cámaras. Uno pasea con orgullo sus herencias hebreas mientras que el otro forma parte de ese batiburrillo de nacionalidades que conforma Estados Unidos. Sin embargo, un hombre les une.

Su nombre es George Nakashima (1905–1990) y a pesar de tan oriental apellido fue uno de los arquitectos y diseñadores más renombrados del siglo XX americano. Líneas fuertes y funcionalidad son las claves de un dibujo que se inspiró en su herencia familiar japonesa (de ahí el Nakashima), mezclándolo con la pasión estadounidense de muebles robustos.

De ahí su pasión por la madera, por la que sentía auténtica devoción, tardando incluso años en diseñar y tallar sus muebles. De hecho la leyenda sostiene que Nakashima consideraba cada pieza de madera como un auténtico diamante, disponiéndose a trabajar sólo cuando tenía plena confianza y convicción en lo que quería trabajar.

¿El resultado? Una obra relativamente escasa para tratarse de un diseñador de muebles, bajo la cual en las pujas y subastas nombres como los de Spielberg, Lucas o el actor Will Ferrell siempre están presentes. Allí compiten con coleccionistas privados y personas con igual fortuna pero menos fama para hacerse con las codiciadas piezas de Nakashima.

Se desconoce con certeza cuantas Conoid Chair existen por lo que es difícil cuantificar su valor total.

La muestra está en la Conoid Chair, considerada la pieza más icónica de Nakashima, vendida en su día por menos de 200 dólares y que en la actualidad puede alcanzar un valor de entre 5.000 y 10.000 dólares, dependiendo de su estado de conservación

Aunque de momento ninguna de sus sillas ha batido el récord de subastas. Ese privilegio le corresponde a una lámpara vendida en 1978 por 245 dólares por la cual pagó el Los Ángeles County Museum of Art 15.000 dólares en 2015.

La peculiaridad de la lámpara se encuentra en su pie, realizado con una raíz de árbol natural.

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