Gustav Klimt en 5 tuits

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    Millones de razones para gustar

    Seguramente, El beso sea su obra más conocida, título culmen de su llamado Periodo
    Dorado
    , una etapa creativa caracterizada por el (ab)uso que Klimt –influido por
    los mosaicos bizantinos– hizo del pan de oro como material complementario al óleo.
    Lo que tal vez no sepas es que su relativamente desconocido Retrato de Adele Bloch-Bauer I fue vendido al mejor postor, en una subasta celebrada en 2006, por la absurda cantidad
    de 135 millones de dólares.

    Mujeres, a su manera

    El género femenino fue, de lejos, el asunto predilecto de Klimt. Cuando aparecen figuras
    masculinas en sus cuadros, éstas suelen tener el rostro cubierto o escondido, a diferencia
    de las mujeres, siempre refulgentes. Sin embargo, en su vida real, el artista jamás tuvo
    a bien casarse. La única relación prolongada que mantuvo fue con Emilie Flöge, una de
    las modistas más elegantes de la Viena imperial. Aunque se comvirtieron en compañeros inseparables, muchos críticos opinan que jamás llegaron a tener ningún contacto sexual.

    Sentado en el andén

    Como otros muchos artistas, Klimt era un tipo raro y maniático (¿a que no lo dirías viendo
    la foto de la izquierda?), un misántropo empedernido. Sufría, por ejemplo, de una tremenda
    fobia a los viajes. Odiaba salir de su Austria natal. Tan poco acostumbrado estaba a
    vérselas con las estaciones de tren que, cuando ninguno de sus amigos podía escoltarlo en los transbordos, se veía incapaz de continuar con su itinerario. No era raro verlo sentado,
    como ausente, en los andenes, esperando a que alguien le ayudara a reencontrar su camino.

    Acabar muy quemado

    Uno de los trabajos más complejos que realizó fue un encargo de la Universidad de Viena, una serie de cuadros alegóricos que debían decorar el Aula magna. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno nazi se apropió de ellos y los trasladó a Schloss Immendorf,
    un castillo aislado, para manternerlos a salvo. Sin embargo, en 1945, cuando los ejércitos aliados comenzaron a invadir Alemania, las tropas de las SS prefirieron incendiar el lugar antes que entregarlo al enemigo. Ninguna de aquellas pinturas sobrevivió a las llamas.

    Nata montada para desayunar

    A Klimt no le gustaba que lo interrumpieran mientras pintaba en su estudio (se dice que
    trabajaba de forma ininterrumpida desde la mañana hasta la noche). ¿Solución? Todos
    los asuntos pendientes los resolvía a la hora del desayuno, una costumbre que acabó por
    convertirse en un ritual. Todos los amigos que quisieran visitarle o tuvieran alguna petición que hacerle acudían a primera hora a su casa. Él los recibía, cuentan las crónicas,
    con chorros y chorros de nata montada.