Sergio García, el ‘Niño’ de la chaqueta verde

JAIME DE LAS HERAS

En el mundo del golf sólo existen dos templos posibles para coronarse. Uno en cada orilla del Atlántico. Para los reyes de Europa la ceremonia se celebra en St. Andrews. Para aquellos que osan desafiar los límites marítimos y deciden probar suerte en las Américas, ese nombre es Augusta.

Es precisamente allí, en plena Georgia, donde Sergio García (Borriol, Castellón, 1980) se convirtió por derecho en un Masters. En uno de esos selectos hombres que pueden llevar por el mundo la chaqueta verde con más distinción del mundo (y no sólo del golf) pero no ha sido un camino de rosas.

Sergio García después de embocar el putt que le daba el Masters 2017.

Más bien ha sido un rough, alto y cubierta de árboles. El mismo convertido en desierto a través de los Bunkers que durante 74 Majors (sí, 74) se resistían a García, niño prodigio del golf español y europeo, para convertirse por derecho en uno de los más grandes del mundo a nivel estadístico. Entre sus amigos de profesión y entre los que saben del deporte de los palos ya lo era. La prueba está en comentarios como el de Rory McIlroy en Twitter donde pedía anoche desesperadamente que dejaran a Sergio ganar uno.

Y lo ganó, parece que como han de ganar los deportistas españoles sus éxitos, con una dosis de suspense. Afortunadamente ayer, en el hoyo 18 (bis) de Augusta a esa dosis de suspense también el acompañó una más importante de calma y sangre fría que el borriolano exudaba.

Un sueño perseguido desde hace más de dos décadas convertido en realidad.

Dicho y hecho. En un cardíaco final, muerte súbita incluida, Sergio García levantaba su primer Major y curiosamente, en el que menos quizá nadie lo habría esperado pero allí estaba Augusta para cerciorarlo. Y allí, con el dedo indicando al cielo, Sergio García se coronó bajo la mirada de Seve, que ayer debería haber cumplido 60 años y que seguro que donde esté sonríe por Sergio.

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