Gianni Agnelli, el segundo Risorgimento italiano, llega a HBO en forma de documental

Acercarse sin resultar controvertido a la figura de Gianni Agnelli (1921 – 2003), el hombre que hizo volar el imperio Fiat, es una tarea complicada.

meneame
Compartir

Su figura, convertida en leyenda desde hace décadas, sirve ahora a HBO para lanzar Agnelli, un documental sobre la vida, obra y casi milagros que este empresario italiano, heredero de Fiat y de una de las familias de más renombres del Piamonte, convertido por méritos propios en uno de los grandes hitos de la industria automovilística italiana.

Revisitar el mito Agnelli, tarea que lleva a cabo el director Nick Hooker, es un tema complicado porque a través de la vida del personaje se ven las mismas etapas que la propia Italia atravesó como sociedad desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, las convulsas luchas de poder de los años sesenta y setenta hasta llegar a la aparente tranquilidad de finales del siglo XX y principios del XXI.

Abogado de profesión, lo cual le granjeó el mote de Il Avvocato, Agnelli no estaba destinado por edad y formación a hacerse cargo de Fiat. En 1945, la vida del joven Agnelli cambiaría radicalmente, ya que en ese año, marcado por el final de la guerra, murió su abuelo Gianni, parte fundamental del emporio. Un año en el que también perdería a su madre y que le hizo quedarse huérfano con tan sólo 24 años, ya que su padre, Edoardo Agnelli, falleció 10 años antes.

De esta vida, salpicada de tragedia, supo sobreponerse aquel vivaz, curioso y seductor joven del Piamonte. Bien educado, políglota y estudiante aplicado, Giovanni pronto convertiría el Grupo Fiat en la gran referencia del motor italiano, consiguiendo también diversificar el negocio hacia otras ramas como la industria pesada.

En paralelo a sus éxitos laborales, Gianni también cultivó una fama de playboy y de bon vivant, incluso estando casado, lo que fomentó también la aparición de éste en los medios de la prensa rosa de la época. Relacionado con actrices como Anita Ekberg (protagonista de La Dolce Vita) o Pamela Churchill (nuera del premier británico), Agnelli no se limitaba a vivir la vida, sino que llevaba ésta al límite.

Algo que en el trabajo de Hooker se observa, ya que nos plantea el documental desde cinco partes distintas, cada una con un estadio vital del protagonista, en relación a su vida y donde también se obtienen testimonios de personas que trataron con él, como el diplomático Henry Kissinger o el empresario y artista Jean Pigozzi. Precisamente es en esta parte del retrato donde la figura de Agnelli cobra más relevancia porque nos sumerge de lleno en las décadas de los sesenta y setenta, fechas en las que Gianni se convierte en la cabeza visible de Grupo Fiat.

Ascendido a presidente en 1966, Gianni tiene que lidiar con la potente industria del motor americana, con una crisis del petróleo que sacudirá Occidente en los setenta y con la inestabilidad política italiana de la década, un concepto que podría parecer redundante pero que se llevó por delante, entre otros, a Aldo Moro, presidente de la República, asesinado en 1978.

Es en este período de tiempo donde Agnelli, política y económicamente, encuentra su magnitud histórica y donde su trascendencia pasa a ser mayor. Pronto se le acusaría –no sin motivos- de ser la persona que permitía a la CIA controlar los movimientos del comunismo italiano para evitar que estos alcanzasen el poder en el país, el gran terror de Agnelli, que tenía auténticas pesadillas con una Italia satélite de la URSS.

En paralelo a sus actuaciones políticas, el mito se ensanchó en torno a la elegancia que derrochaba en fiestas, eventos y en su propia vida privada, convirtiéndose en marchante y coleccionista de arte, siendo sus casas y palacios algunos de los mejores referentes del estilo italiano. Esa vida, en el pasado disoluta, fue el trampolín definitivo para convertir a Gianni Agnelli en el modelo a seguir de buena parte de sus compatriotas. En él se reflejaba lo que todo joven intentó ser alguna vez, aunque lo niegue, ya que no sólo se trataba de una persona con éxito empresarial, sino también social, buena educación, elegancia y sobre todo un carisma con el que podría convencer a cualquiera.

Esa figura se revisita ahora desde HBO, incluyendo los últimos años de Gianni Agnelli, aquellos donde Fiat empezó a perder su potencia automovilística en Europa y el mundo, y que acabó lastrando los últimos años del magnate, en los que también sufrió la muerte a los 46 años de Edoardo (1954-2000), su primogénito, hasta su muerte en 2003 por un cáncer de próstata. En aquel año no murió sólo un joven piamontés de alta cuna que soñó con ser abogado, sino el sueño italiano convertido en hombre.