La papelería ‘gourmet’ es el último lujo

El papel es el último lujo y las papelerías los nuevos templos del hedonismo fetichista.

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Como hizo popular ante los micros de la SER el pamplonica Joaquín Luqui: “Tú y yo lo sabíamos…”. Lo que parecía un vaticinio de enteradillos es ya un secreto a voces. Libros, micro y macro tiendas e incluso podcast reivindican la papelería como el territorio recién anexionado por los caza-tendencias. No sé tú, pero yo soy de los que utilizaba los lapiceros para rebobinar las cintas de casete de noventa minutos y no gastar la pila del Walkman. A continuación algunas pistas para que usted, lector, recorra por sí solo el camino.

1.- La fiebre del papel es la vacuna contra el tsunami digital que nos revuelca. Las marcas que ya parten posicionadas son las que ya nos conquistaron el corazón con un buen pedigrí. Un ejemplo de buen story telling: ¿conoces la historia del Tipp-Ex? La secretaria tejana Bette Nesmith no era muy buena mecanógrafa cuando se le ocurrió, viendo a un pintor de brocha gorda, comercializar una tinta blanca opaca que tapase sus gazapos. La bautizó Liquid paper (Papel líquido). En 1968 ya vendía 10.000 botes al día. En 1979 le endosó la empresa (no se conoce la cantidad) a la Gillette Corporation cuando el volumen de ventas ya ascendía a 25 millones de botes anuales.

2.- Un pequeño vademécum para abrir boca ante la inabarcable oferta. Éstas son algunas de las marcas con las que debes recuperar relaciones sentimentales o establecer nuevas. El Bic Naranja que escribe fino y el Bic Cristal que escribe normal. Faber-Castell, Pelikan y su logo del pelícano, Pritt y su pegamento de barrita y Uhu (el de tubo), los rotuladores fluorescentes de Stabilo Boss, la caja de colores de Carioca que a mí me caía siempre por Navidad, la goma Milan 624 –¿quién no se ha pillado un subidón en el cole olisqueando la de nata?–, las libretas de campo de Field Notes y de la catalana Octaevo (en la imagen), las Crayola (mejor en lata metálica), las plumas baratas alemanas de Lamy-Design, los cuadernillos de Rhodia, los lapiceros de Fabriano, las libretas de reportero con goma de Moleskine, la fiebre del celo impreso con Tesafilm, los pegamentos de cola como el italiano Coccoina, la tinta verde de Montblanc, los colorines suizos de Caran d’Ache, las pequeñas plumas alemanas Kaweco, los lapiceros con goma Palomino fabricados por Blackwing, los abrecartas de cobre, el Post-It (3M) recuérdalo-todo, las chinchetas imantadas, el sello de tampón o el lacre para las cartas (de amor, claro).

­3- El turismo de papelería no hay quien lo borre. Muy pronto lo veremos así bautizado en las guías de Monocle, en las de Vuitton o en las Lonely Planet. Éstas son algunas de las papelerías gourmet que no puedes dejar de visitar. En Tokio te propongo perderte en los seis pisos de la papelería Itoya. En mi último viaje le compré allí a Ceesepe pinceles y cuadernos. En Berlín hay que pasarse por inkWELL, en el vecindario de Neuköln, especializada en material vintage y también por R.S.V.P en el barrio de Mitte. En París es imprescindible visitar la tienda del colectivo Papier Tigre, aunque Mercí también tiene cosas chulas. En Nueva York, McNally Jackson; no la librería, que es de la misma dueña, sino la tienda vecina. Y muchas más: la Pen Store en Estocolmo, Present & Correct en Londres, Faber en Osaka, Publicaçoes Serrote en Lisboa o Papelote (como en el oficio llamamos al papel usado que va directo al reciclaje) en Praga.

4.- ¿Quién está detrás de este renacimiento del grafito? Una de las imprescindibles es Caroline Weaver, dueña de CW Pencil (los lápices de Spainmedia los hago allí) y autora del libro The Pencil Perfect (Gestalten, 160 pag.). Su Instagram, @cwpencilenterprise, es de obligado seguimiento. En Osaka, Nakajima Jukyudo fabrica sacapuntas. El modelo Tsunago es creación de la compañía desde 1933 y no sé cómo puedes vivir sin él. Sólo tiene una pega: como recoge toda la pelusilla, no puedes quedar con nadie para charlar mientras afilas el lápiz. Y también merece la pena reseñar al diseñador italiano Giulio Iacchetti, inventor de The Neri Pen que se ajusta al grosor de la mina con una rueda de cobre. También hay podcast, cada semana sale al aire The Erasable Podcast, defendido por Johnny Gamber, Tim Wasem y Andy Welfle. Y en el terreno del arte echa un vistazo a los vídeos con archivadores del español Ignacio Uriarte.

­5- Un ejemplo patrio. Desde el año 1920, El Casco ha puesto Guipúzcoa en el mapa de los accesorios de papelería. Afilalápices, abrecartas o portacelos (los celos necesitan que los sostengan) figuran en su catálogo que se puede consultar online. Todos hemos tenido uno cerca. La grapadora M-5CT (140 euros) es historia del diseño ibérico comparable al de la fregona.

6.- Bibliografía recomendada. Stationery Fever: From Paper Clips to Pencils and Everything In Between – Fiebre por la papelería: desde el papel a los clips y todo lo que hay en medio (Prestel, 208 pag.). The Pencil Perfect – El lápiz perfecto– (Caroline Weaver, Gestalten, 160 pag). How to sharpen pencils – Cómo afilar lápices (David Rees, MHP books). Pencils (Mostree Giorgetti Corraini Editore, 110 pag). Y, por último, si te apetece hacer avioncitos, Paper Aeroplanes – Aviones de papel. La colección de Harry Smith (JL books, 240 pag).

Andrés Rodríguez, editor y director de Robb Report @arodpainmedia