Turismofobia, el mal endémico del siglo XXI

Apenas un quinto del siglo XXI ya se está consumiendo y parece que, entre los problemas que en estas exiguas dos décadas han aparecido, hay una parte de la población empeñada en convertir o creer que el turismo, lejos de ser un gran invento, es una aberración que debe mantenernos a todos y cada uno de nosotros en nuestras casas.

Decía Pío Baroja, que de tercer milenio tiene poco, que el nacionalismo se cura viajando. Ahora la guerra no está entre nacionalistas y turistas sino en decirle al viajero en cuestión que en tal o cual ciudad no es bien recibido. Irónico es, sobre todo cuando estas diatribas se venden desde postulados sociales que abogan por la internacionalización y en ocasiones, por la supresión de las fronteras.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Turistas no pero internacionalización sí? ¿Turistas no, viajeros sí? En toda esta de gama de blancos y negros se nos escapan decenas de grisáceos matices en los que confluyen una misma realidad universal, la de la libertad de movimiento.

Viajar, por placer, negocios o simplemente por necesidad no debería convertirse en el caballo de batalla con el que combatir la globalización, enemigo al que muchos consideran hermana del capitalismo y a los que consideran indisolubles sin darse cuenta de que lo contrario significa autarquía y aislamiento.

En el aislamiento, más propio de niños burbuja, en el que pretenden vivir algunos con la excusa de preservar su patrimonio es donde se fragua el gen de la intolerancia hacia el que es de fuera. ¿Cuál es la diferencia entre prohibir a un migrante entrar en el país o decirle a un turista que se vaya a casa? ¿Quién mide y se alza en prócer de estas causas, convirtiendo así la verdad en absoluta?

Si algo hemos aprendido de las ciencias sociales es que la sociología, como inexacta, nos permite ser humanos y afortunadamente hacernos ver que el mundo no funciona con verdades absolutas. Irónico, si lo permiten, cuando además esas mismas personas vuelven a nutrirse de las herramientas que este siglo XXI pone a nuestro alcance. Véase internet con todas sus acepciones o la posibilidad de cruzar el mundo para cualquier bolsillo, algo vedado hace apenas tres décadas y que ahora es factible para mucha más gente.

Sí, ese mucha gente incluye a una amplia mayoría del Primer Mundo, con diferencia aún la gran brecha que como sociedad, a nivel planetario, tenemos la tarea de remendar. Es decir y parafraseando a Joaquín Sabina, “nos sobran los motivos”.

Sólo que lo hacen para que seamos solidarios, intentemos construir un mundo mejor, de más entendimiento y sobre todo de más comprensión. Sea viajando, leyendo o ayudando a distancia pero siempre intentando erradicar los males que existen o que hemos creados y nunca intentando matar moscas a cañonazos, o lo que es lo mismo, olvidándonos del absurdo cliché de “Tourists Go Home”.

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