Viajar en septiembre, ¿consuelo o placer?

JAIME DE LAS HERAS

Cuando agosto agoniza se produce el masivo éxodo vacacional que nos retorna a nuestros puestos de trabajo. Caras largas y bronceadas se cruzan en los pasillos con los pocos afortunados que disfrutarán de septiembre sin hacer nada. Ellos, los últimos elegidos o los rezagados, han escogido o no han tenido más remedio que hacerlo para marcharse en el mes que pondrá fin al verano pero, ¿tanto merece la pena coger las vacaciones en septiembre? ¿Es un mal menor o es un auténtico placer?

Hoy vamos a intentar desentrañarlo con argumentos de los dos bandos para que en 2018 pienses qué prefieres.

En contra: la climatología.

Salvo que uno apueste por destinos donde el sol impere a sus anchas, como Canarias, algunas zonas de Andalucía o el Caribe, la falta de sol o buen tiempo puede ser una auténtica losa para los que emigran en septiembre. Si eres de los que no buscan esos destinos, quizás estés de suerte pero aún así arriesgarse a vacaciones nórdicas para coquetear con lluvias y temperaturas de 10 grados durante tu merecido descanso quizá sea demasiado riesgo.

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