Comidas que se crearon por accidente

La mayoría de los productos de los que hoy disfrutamos tienen una parte de ingenio y otra de casualidad.

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No sabemos qué sería de nosotros sin la cerveza, pero está claro que el mundo sería un lugar peor. Curiosamente, este y otros alimentos imprescindibles llegaron a nuestras vidas por accidente o por error.

La historia de las patatas fritas da mucho que hablar y es una fuente de disputas francobelgas desde hace siglos. Los belgas sostienen que ellos son los inventores de la patata frita como tal, datándola en el año 1781, donde se habla de la patata frita acompañando a pescados. El proceso, distinto al nuestro, implica freírlas en grasas animales, preferiblemente de buey aunque también se hace con grasa de caballo Razón de más por la que si pruebas las auténticas patatas belgas, te sepan algo extrañas.

Los franceses, por su parte, sostienen que la inventaron ellos después de su Revolución gracias a Parmentier, que dignificó gastronómicamente la patata y al que también premian como inventor de la patata frita.

Lo cierto es que para los americanos, las patatas fritas se llaman French Fries, tras estos probarlas en Europa de mano de soldados belgas y franceses, ya que compartían idioma, se quedó el ‘french’ como definición. El “accidente” de su fabricación se debe a que, según la leyenda, un cocinero se equivocó de recipiente y las vertió sobre aceite caliente y no sobre agua, provocando que aquello empezara a freírse.

El remate cómico de la aventura llega con un libro de 1856 titulado Cookery for Maids of All Work, en el que se mencionan las ‘french fries’ y que viene a decir que un comensal, harto de patatas gruesas y cocidas, le pidió a su cocinera que las partiera más finas y que usara algo que no fuera agua para prepararlas.

¿Quién tiene razón?

Un niño de 11 años estaba intentando hacerse un refresco removiendo su mezcla con un palito de madera. Se le olvidó a la intemperie en una noche fría, y al volver estaba congelado. Así nació el polo.

Otro imprescindible: las tapas. Alfonso XIII pidió vino en su visita al Ventorrillo del Chato. Para que no se llenase de arena, el camarero cubrió la copa con jamón a modo de tapa. Todos los presentes acabaron pidiendo vino “con tapa”.  A partir de ahí se consolidó una moda que dura hasta nuestros días.

La Coca-Cola nació como un medicamento solo disponible en farmacias. Era una mezcla contra los dolores de cabeza y las náuseas pero ante el fracaso como remedio terapéutico se popularizó como bebida refrescante.

Un pastor comprobó cómo sus cabras se comportaban de forma extraña tras comer unos frutos rojos. Llevó los frutos a un monasterio y los monjes los hirvieron para hacer una especie de sopa. El sabor fue tan malo que echaron al fuego los granos.  Al tostarse, desprendieron un aroma muy agradable, así que decidieron bebérselo e inventaron nuestra rutina mañanera: el café.

El queso se remonta a tiempos de antes de Cristo. Un mercader árabe llevaba leche utilizando el estómago de un cordero como envase. Las temperaturas del desierto hicieron que la leche se cuajara y fermentó dando lugar al queso.

La cerveza también surgió por accidente: los granos de cebada almacenados se mojaron y fermentaron de forma natural. Un afortunado probó el resultado y pensó que ese líquido daría mucho más de sí.

En 1879 un investigador se olvidó de lavarse las manos antes de comer tras trabajar con alquitrán de hulla. Sus alimentos tenían un sabor extrañamente dulce por la sustancia, así que decidió investigar lo que sería la sacarina.