Una conversación con… Pier Luigi Loro Piana

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Su apellido es sinónimo de los mejores tejidos de lana de cashmere y pelo de vicuña del mundo. Pero su pasión es la vela y por ello patrocina también las principales regatas de superyates del Mediterráneo y el Caribe.

¿Cómo surgió su afición por la vela? ¿Era una tradición familiar?

Sí, efectivamente. Mi padre nos introdujo en el deporte cuando éramos niños, pero a él le iban más las motoras, porque no tenía tiempo para disfrutar de una navegación placentera: tenía que hacer las cosas rápido. Yo empecé navegar a vela a los 18 años; me enseñó un amigo de mi padre en un maravilloso fin de semana: fuimos desde Francia a la isla de Elba. Y me enamoró. Es como el esquí: si la primera vez sientes ‘algo’, ¡ya está!

¿Y qué se siente al llevar el timón de un barco como el Cape Arrow, con el que ha participado en la regata de superyates que patrocina en el Caribe?

Responsabilidad. La tripulación es excelente, gente que ha participado en la Copa América de Vela, en la Volvo Ocean Race, en barcos como el Luna Rossa, el Alinghi, el Mascalzone Latino… Ellos son profesionales, yo no. Sé que el hecho de que yo esté al timón hace que podamos perder dos minutos, lo suficiente para que en vez de ganar quedemos segundos o, incluso, terceros. Pero yo no quiero ser el propietario de un barco y no hacer nada.

Su yate personal se llama My song. ¿Tiene algún significado?

My song es una pieza de mi músico de jazz favorito, Keith Jarrett. Oírla me hace recordar las sensaciones de la navegación cuando tienes un viento favorable y el mar está calmado. Cuando la escucho, la imagen que me viene a la mente es la de un deslizamiento suave, aterciopelado.

Aparte de la vela, Loro Piana patrocina otros eventos deportivos: hípica, esquí…

A principios de los noventa nos introducimos en ese sector y en el de los coches antiguos, especialmente rallys, que no tienen nada que ver con las carreras profesionales. Nos gusta, sobre todo, la hípica y la vela. El esquí lo hemos patrocinado en alguna ocasión. Pero siempre buscamos que sean actividades relacionadas con la naturaleza.

¿Tiene eso algo que ver con la filosofía de la marca?

No es tanto una ‘filosofía’ como una cuestión de gusto, algo mucho más simple: a mí me encanta navegar y esquiar; mi padre era un gran jinete. Y a través de estos gestos nos dirigimos directamente a la gente a la que le gusta lo mismo que a nosotros, en vez de hacer publicidad indiscriminada. Jamás patrocinaríamos la F1 o la Copa América de vela, porque a esa gente le preocupan más los avances tecnológicos que la pureza del contacto con la naturaleza. Y prefiero llegar al que está participando en una regata que al que está viendo la Copa América

¿Y no se le ha pasado por la cabeza patrocinar algún concierto o festival de jazz?

Si fuera de Keith Jarrett… ¡me encantaría! Tendría que encontrar una excusa para hacerlo. Lo que sí he hecho, por ejemplo, es traer hasta Virgin Gorda a la soprano italiana Maria Luigia Borsi para agasajar a mis amigos.

En 2013 se vendió el 80% de Loro Piana al grupo LVMH. ¿Qué piensan sus hijos de la venta?

Creo que a mis hijos no les gustó el asunto, pero entendieron las razones y creo que para ellos puede ser una buena oportunidad para expresarse por sí mismos, sin la presión de ser la ‘siguiente generación’.

—jesús rodríguez lenin ¿Cómo surgió su afición por la vela? ¿Era una tradición familiar?

Sí, efectivamente. Mi padre nos introdujo en el deporte cuando éramos niños, pero a él le iban más las motoras, porque no tenía tiempo para disfrutar de una navegación placentera: tenía que hacer las cosas rápido. Yo empecé navegar a vela a los 18 años; me enseñó un amigo de mi padre en un maravilloso fin de semana: fuimos desde Francia a la isla de Elba. Y me enamoró. Es como el esquí: si la primera vez sientes ‘algo’, ¡ya está!

¿Y qué se siente al llevar el timón de un barco como el Cape Arrow, con el que ha participado en la regata de superyates que patrocina en el Caribe?

Responsabilidad. La tripulación es excelente, gente que ha participado en la Copa América de Vela, en la Volvo Ocean Race, en barcos como el Luna Rossa, el Alinghi, el Mascalzone Latino… Ellos son profesionales, yo no. Sé que el hecho de que yo esté al timón hace que podamos perder dos minutos, lo suficiente para que en vez de ganar quedemos segundos o, incluso, terceros. Pero yo no quiero ser el propietario de un barco y no hacer nada.

Su yate personal se llama My song. ¿Tiene algún significado?

My song es una pieza de mi músico de jazz favorito, Keith Jarrett. Oírla me hace recordar las sensaciones de la navegación cuando tienes un viento favorable y el mar está calmado. Cuando la escucho, la imagen que me viene a la mente es la de un deslizamiento suave, aterciopelado.

Aparte de la vela, Loro Piana patrocina otros eventos deportivos: hípica, esquí…

A principios de los noventa nos introducimos en ese sector y en el de los coches antiguos, especialmente rallys, que no tienen nada que ver con las carreras profesionales. Nos gusta, sobre todo, la hípica y la vela. El esquí lo hemos patrocinado en alguna ocasión. Pero siempre buscamos que sean actividades relacionadas con la naturaleza.

¿Tiene eso algo que ver con la filosofía de la marca?

No es tanto una ‘filosofía’ como una cuestión de gusto, algo mucho más simple: a mí me encanta navegar y esquiar; mi padre era un gran jinete. Y a través de estos gestos nos dirigimos directamente a la gente a la que le gusta lo mismo que a nosotros, en vez de hacer publicidad indiscriminada. Jamás patrocinaríamos la F1 o la Copa América de vela, porque a esa gente le preocupan más los avances tecnológicos que la pureza del contacto con la naturaleza. Y prefiero llegar al que está participando en una regata que al que está viendo la Copa América.

¿Y no se le ha pasado por la cabeza patrocinar algún concierto o festival de jazz?

Si fuera de Keith Jarrett… ¡me encantaría! Tendría que encontrar una excusa para hacerlo. Lo que sí he hecho, por ejemplo, es traer hasta Virgin Gorda a la soprano italiana Maria Luigia Borsi para agasajar a mis amigos.

En 2013 se vendió el 80% de Loro Piana al grupo LVMH. ¿Qué piensan sus hijos de la venta?

Creo que a mis hijos no les gustó el asunto, pero entendieron las razones y creo que para ellos puede ser una buena oportunidad para expresarse por sí mismos, sin la presión de ser la ‘siguiente generación’.