Calma tu impaciencia con el nuevo reloj de Hermès

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El tiempo Hermès cultiva la extravagancia de conciliar el rigor con la fantasía. Hay que manejar la paradoja con aplomo para imaginar un reloj capaz de intensificar nuestras emociones. Eso es precisamente lo que se propone L’heure impatiente, una complicación que nos invita a anticipar el disfrute de momentos que están por llegar. Ajustar en el contador del reloj la hora de un acontecimiento venidero y deseado, que va a producirse en un plazo inferior a doce horas, es ahora un ritual muy especial.

Una hora antes del momento esperado el reloj de arena mecánico se pone en marcha; pudiendo seguir su progresión a las 6 en la esfera. Esta complicación nos envuelve en un tormento agradable que termina en apoteosis cuando toca la nota final. Solo suena una vez, indicando que ha llegado el ansiado acontecimiento.

La efervescencia de la espera se cobija en un módulo de apenas 2,2 mm de grosor, animado por un movimiento de manufactura H1912. Este calibre compacto se integra en una caja de gran nitidez, protegida por cristales más finos de lo habitual, y una esfera de 1 mm que resuena con la vibración del timbre: todo está pensado para optimizar el volumen del aire en este reloj de gran finura estética y técnica.

Con esta nueva creación se demuestra la filosofía de la marca: en Hermès, el tiempo también adquiere la cualidad de objeto. La maison ha convertido la tensión que lo habita en una singularidad. Más que medir, secuenciar o controlar, Hermès busca otro tiempo: un tiempo destinado a despertar las emociones, a abrir paréntesis, a crear espacios de fantasía y esparcimiento.